jueves, 6 de agosto de 2015

Los Gitanos de Saintes Maries de la Mer


Imagen de las dos Santas Marías arribadas a las costas francesas en una barca. 
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Antes de viajar a Saintes Maries de la Mer, en la zona conocida como La Camarga francesa, habíamos leído lo que René Guénon escribió acerca de esta sorprendente y bella localidad situada en la costa, en el delta del Ródano. Nos referimos a la relación de carácter misterioso que este lugar, y su santuario, posee con los Gitanos.
Por él supimos que aquí, donde la fuerte presencia de caballos blancos originarios ofrece estampas maravillosas, los Gitanos anualmente se reúnen en su cripta para celebrar sus ritos en honor a la “Reina de los Gitanos”, la cual
“porta el nombre, o mejor el título, de Sarah, nombre también de la santa que reconocen como patrona y cuyo cuerpo descansa en la cripta”[1].
Pero Guénon distingue dos clases de Gitanos, unos los creadores de este antiguo rito y otros los Gitanos caldereros, “domadores de osos”, etc., a los que los primeros consideran incluso sus enemigos.
“Cuando se habla de los Gitanos es indispensable hacer una distinción demasiado frecuentemente olvidada: hay en realidad dos tipos de Gitanos que parecen ser absolutamente extraños entre sí, y que inclusive llegan a tratarse como enemigos; no tienen las mismas características étnicas, ni hablan la misma lengua, ni ejercen los mismos oficios. Por un lado están los Gitanos orientales o Zíngaros que son principalmente domadores de osos y caldereros; por otro lado están los Gitanos meridionales o Gitanos propiamente dichos, llamados "Caraques" en la lengua de Oc y en Provenza, y que son casi exclusivamente tratantes de caballos: solamente estos últimos son los que se reúnen en Saintes-Maries”[2].
Guénon considera factible la hipótesis de que los Gitanos de Saintes Maries de la Mer, estén relacionados con los Judíos (e incluso con los Pieles Rojas de América, mediante un vínculo con la raza atlante). En cualquier caso lo que se intenta señalar es que se trata de pueblos diseminados, pueblos que han perdido sus tradiciones e incluso su lengua viéndose forzados a vivir en un medio extraño en el que se sienten extranjeros.
“Tanto unos como otros se sirven de la lengua de las regiones en donde viven, entremezclando algunas palabras que les pertenecen, hebreas en el caso de los Judíos, y, en el caso de los Gitanos, palabras que les vienen también de una lengua ancestral de la cual constituyen los últimos restos. Estas semejanzas pueden explicarse considerando la condición de existencia de estos pueblos forzados a vivir dispersos en medio de extranjeros”[3].
Guénon encuentra evidencias de que ambos pueblos, gitano y judío, pudieran, efectivamente, haberse unido en la tribulación y desarrollar en esta cripta sus ritos conjuntos, amparados por las organizaciones del Compañerazgo, “donde no cabe el problema étnico”, y por lo tanto habría sido la “cobertura” idónea para sus misteriosas relaciones, lo cual estaría señalado, entre otras cosas, por el propio título que dan a su reina: Sarah, forma femenina de Sar, que es hebreo y significa “princesa”.

Símbolo a la entrada del santuario de Saintes Maries de la Mer.


Respecto al arte con los caballos cabe referir lo que Friedrich Cammerschulze, el alquimista y cabalista que instruye al joven Balthasar Kober en la novela hermética de Fréderick Tristan, le explica a su alumno acerca de cierta organización iniciática que denomina como "clérigos errantes" la cual, allá por 1590, empleaba la palabra "caballo" asociada a cabalus latino y por lo tanto a su tradición, la cábala, en el fondo un juego de palabras para confundir al profano, y añade:
"Al ser el caballo psicopompo, barquero de las almas en la muerte, montar un caballo supone dominar la muerte. Es estar muerto en la vida profana y haber nacido de nuevo, re-nacido en la vida divina"[4].
Y a continuación el narrador cuenta:
"Así, todos los caballos que Balthasar vio durante aquellos cinco meses le parecían mensajeros de Dios, que estaban allí para transmitirle noticias del más allá. De ahí que, en vez de pasearse sobre sus lomos el muchacho prefiriera hacerles preguntas en la cuadra, donde pasaba horas enteras en su compañía"[5].
Seguidamente será el propio aprendiz quien da cuenta de su experiencia en el arte de los caballos:
"Lo que aprendí de los caballos no era de orden intelectual, como es de prever. Yo tenía la facultad de penetrar en lo invisible con la misma facilidad con que entramos en una casa acogedora. Llamamos a la puerta y la puerta se abre inmediatamente. Quien no haya sentido amor por los caballos no puede entender lo que significa realmente la travesía de los mundos tal como yo la viví gracias a esos animales dotados para el gran viento del Espíritu"[6].


Como podemos apreciar en esta imagen, Saintes Maries de la Mer posee un bello humedal donde se encuentra la mayor población de flamencos de Europa, una importante presencia de toros bravos y por supuesto sus famosos caballos blancos, conocidos como caballos blancos del mar.

Notas:
1,2,3: René Guénon. Estudios sobre la Masonería y el Compañerazgo. Cap. IV, "El Compañerazgo y los Gitanos".

4,5,6: Frédérick Tristan. Las Tribulaciones heroicas de Balthasar Kober. Edhasa 1986.