miércoles, 17 de junio de 2015

Huicholes, los guardianes del Peyote


Los Huicholes son un pueblo indígena que habita en los Estados de Jalisco, Nayarit, Durango, San Luis Potosí y Zacatecas, en México y cuyo arte ha sido calificado de psicodélico, por ser sus pinturas de un color radiante que imprimen sobre tablas de estambre que llaman nierikas, una palabra que designa que es un cuadro "para ver", más allá de las formas.
Las pinturas que en la actualidad aún realizan son diseños tradicionales y conforman un medio a través del cual se comunican con sus ancestros y representan formas simbólicas de su cosmogonía, ya que estas pinturas están inspiradas en las visiones de los chamanes durante las ceremonias con el peyote.
Para la realización de estos nierikas extienden, sobre la base de estas tablas de estambre, cera y seguidamente trazan las líneas del diseño. Para completar el nierika utilizan todo lo que hay en su territorio: semillas, conchas, corales, arcilla… En la actualidad también utilizan cuentas y otros abalorios modernos, pero sus diseños siguen siendo los mismos conservando de ese modo su valor simbólico.
Para los huicholes el hombre, el venado y el peyote son la misma cosa y se relacionan con el número cinco. De hecho fue un venado quien llevó a los huicholes ante la primera planta de peyote que los cazadores confundieron con un venadito recostado.
Huichol significa adivino, efectivamente los huicholes son un pueblo de adivinos que se comunican con sus dioses y con sus orígenes legendarios a través del peyote, es decir el peyótl. Es en sus ceremonias sagradas donde los chamanes ingieren el cactus y a través de su sustancia, unida a la experiencia del propio chamán, adquieren las facultades necesarias para poder observar una perspectiva de la realidad exuberante, brillante y llena de luz. Y entre esas imágenes pueden ver la rueda de la vida, ven al venerado venadito, identificado con el peyótl y con el hombre, en una rueda constante. O sea, toda la manifestación como "una inmensa red de analogías".

Así describía un chamán su experiencia a la antropóloga Bárbara Myerhoff:

“Cuando estamos embriagados del peyolt, vemos el pequeño venado, un momento es hombre, un momento mujer, un instante después será peyolt. Al momento siguiente será maíz, hombre un instante, mujer por otro instante…Luego peyolt, luego lluvia y nube, venado otra vez…”

  
Decíamos que según la leyenda de los huicholes fue persiguiendo un venado como encontraron la planta del peyólt. Es más, dicen que persiguiendo un venado herido por una de las flechas de cuatro jóvenes que buscaban alimento para su pueblo, creyeron ver al animal agazapado y al llegar a él se dieron cuenta de que había sido el venado mismo quien les dio a conocer esa planta. Por ello dicen, cuando van en busca de la planta, que van a cazar peyólt. Así narran sus historias que hemos podido ver recogidas en distintos lugares:

Hace mucho tiempo en la sierra huichola se reunieron los ancianos para platicar de la situación en la que se encontraban. Su gente estaba enferma, no había alimentos, ni agua, las lluvias no llegaban y las tierras estaban secas. Entonces enviaron a cuatro jóvenes con la misión de encontrar alimento para todos. Cada uno representaba un elemento, el fuego, el agua, el aire y la tierra. Provistos de arco y su flecha partieron. Caminaron días enteros hasta que un venado apareció a la vista de los jóvenes. Comenzaron a perseguirlo hasta que llegaron a Wirikuta (desierto de San Luis Potosí y camino sagrado de los huicholes). De pronto uno lanzó una flecha que fue a caer en la tierra, sobre una planta de peyólt que bajo la luz del sol aparecía con la forma del propio venado. Los jóvenes decidieron cortar las plantas que formaban la figura del venado y llevarlas a su pueblo.

Después de días de camino llegaron a la sierra huichola donde los esperaba su gente. Se presentaron de inmediato con los abuelos y contaron su experiencia. Comenzaron a repartir el peyólt a todas las personas que después de un rato los curó, alimentó y les quitó la sed. Desde ese momento los huicholes veneran al peyólt que al mismo tiempo es venado y maíz, y su espíritu guía. Así cada año, hasta nuestros tiempos, siguen andando y peregrinando, manteniendo viva esta ruta de la sierra huichola hasta Wirikuta, para pedirle al Dios de la lluvia sustento y salud para su pueblo.

Vamos danzando al ombligo de la Luna,
tierra sagrada de mi corazón
Lugar de danzas, de flores y de cantos,
lugar de águilas que vuelan hacia el sol
Voy con mi fuego, mis armas y mis flechas,
voy cantandole al gran venado azul
A Kayaumara el hermano mayor, a Tatewary de mi corazón
Son cuatro flechas con punta de obsidiana,
que me recuerdan al pueblo chichimeca
Indios guerreros, flecheros, peyóltros,
que caminaron al valle del Anahuac. 


(Fuente del poema: Revista Mexicanismo. Noviembre 2014).

Estos son algunos nierikas:


Peyote, maíz, venado.



 Día y noche

Flor del peyote




Peyote en flor

Flor de peyote en el centro



Venado azul

Peyote y Venado