lunes, 10 de enero de 2011

Diosa Astarté con Sistros en las Manos




Astarté. "Bronce Carriazo". Sevilla. Museo Arqueológico.


La pieza de bronce que aquí se muestra (datada entre los años 625-525 a.C.) corresponde a la imagen de la diosa Astarté, una divinidad fenicia cuyo culto se extendió en la península Ibérica a través del Mediterráneo, principalmente mediante el flujo de personas que llegaban a la bahía de Cádiz, lugar donde se produce un intenso intercambio comercial e intelectual-espiritual a través de sus símbolos, ritos y mitos. Efectivamente el comercio ha propiciado a lo largo de la historia ese otro tipo de reciprocidad que ha sido verdaderamente la que cimentó y articuló la relación entre todos los pueblos del Mediterráneo. Con el tiempo el culto a Astarté se extendió, y sus templos acabaron ubicados por toda la Península Ibérica.

Astarté es una diosa de la fecundación. Se trata de la Ishtar babilónica, antecedente de la Afrodita griega y la Venus romana. Su equivalente egipcio es Hathor, diosa del amor. Hija de Ra y esposa de Set, vinculada con Isis y asimismo con Bes.

Los ritos que se ofrendaban a esta diosa están relacionados con los de la Prostitución Sagrada, que por supuesto nada tiene que ver con el "antiguo oficio", sino con un rito mágico-teúrgico de fecundación del Cosmos. Un acto secreto y de carácter oracular en el que participaban muy pocos iniciados.

Durante la ceremonia ritual, cuando se producía la hierogamia entre el rey, sacerdote o elegido, con la sacerdotisa principal de Astarté, las compañeras de ésta agitaban los sistros acompasadamente y con un carácter erótico y sensual, tratando de atraer la energía sexual del Cosmos, tanto la celeste como la terrestre, con la que fecundarse y fertilizar el mundo.

En los textos sagrados de los hebreos a menudo llaman a Astarté “reina de los cielos”, también “diosa del mar”, lo que evoca designaciones dadas a la Virgen cristiana, que sin duda hereda de ella ciertos elementos simbólicos. Aunque Astarté significa asimismo “útero”.



Particularidades del Bronce Carriazo


Esta pieza en la que aparece Astarté es conocida como “Bronce Carriazo”, en honor a su descubridor, quien la halló en un mercadillo de antigüedades de Sevilla. Se trata de un fundido en una única placa de unos 9 o 10 cm., la cual es parte de uno de los dos lados de un bocado de caballo. De los siete agujeritos colgaban campanillas, tal y como se ha visto en otros arreos similares. Este bronce además de poseer una gran belleza de composición estética y simétrica, es un portento de síntesis simbólica. La diosa lleva un peinado egipcio, orejas de vaca y túnica de manga corta, todo lo cual la identifica con Hathor. La forma dada a la pieza define, asimismo, la barca solar. Astarté se ve demarcada por dos aves cuyas alas se identifican con las de los querubines, entidades que, igual que la diosa, ejercen funciones de intermediarios entre los planos. Estas alas prefiguran tanto los cuernos como los rayos del disco solar que lleva entre ellos.

El atributo de Astarté es el sistro. La de este bronce en concreto porta dos, uno en cada una de las manos que eleva con determinación al cielo, con la intención de seducirlo con su ritmo acompasado, para que a través de ella se fecunde el Cosmos entero. Los sistros de esta Astarté son esquemáticos y semejan una copa o un loto, no llevan campanillas u otros elementos sonoros, pues éstos han sido colocados en otro lugar de la pieza, ya que el uso práctico de este arreo requiere de un espacio libre por el que hacer pasar las bridas.

Por razones obvias de incomprensión, en las que creo innecesario incidir, el culto a Astarté fue satanizado y su ceremonia ritual, la hierogamia sagrada, denunciada como una práctica del demonio.

No obstante a Astarté y a la energía del Eros que ésta representa, se la sigue invocando a través del amor y de uno de sus muchos nombres, por ejemplo como “diosa de la alegría, la danza y las artes musicales”, “diosa nutricia”, “dama que cruza el mar”, “diosa de las marismas” o “madre de todos los dioses”. Núria

Sistro (Sonajero ritual) con la imagen de Hathor. París. Museo del Louvre.