lunes, 29 de septiembre de 2008

Alfonso X el Sabio en los Reales Alcázares de Sevilla (III Parte)

Alfonso X, el Sabio

Pero tenemos que llegar al siglo XIII para que los Reales Alcázares vuelvan a recuperar su esplendor y el rey Alfonso X, el Sabio, el encargado de realizar su reconstrucción, y construir un palacio nuevo, pero en esta ocasión al gusto y al estilo gótico. De él podemos admirar, por ejemplo, el magnífico Patio de Crucero, de colosal estructura gótica. (ver foto)

Alfonso X toma el Real Alcázar como residencia temporal, ya que su trono lo tiene en Toledo donde este gran monarca funda la famosa Escuela de Traductores inspirándose en el trabajo emprendido por su padre Fernando III en Sevilla, quien comienza allí a reunir textos árabes, judíos y griegos que traducen al latín. No sólo en Toledo funda Alfonso X una escuela de traductores, también lo hace en la capital de Murcia.
Por la tumba de Fernando III en la Catedral de esta ciudad (donde puede leerse una inscripción escrita en latín, hebreo, árabe y castellano) puede observarse perfectamente el espíritu reunificador y de concordia que animó a este rey cristiano y a su hijo Alfonso X cuyos restos también reposan en la misma Catedral.

En cuanto a este último, decir que se ganó el apelativo de Sabio por los grandes conocimientos que tenía sobre las diversas disciplinas y ramas del saber, dado que ese era el modo como este monarca entendía la dignidad de ser rey:

“un rey para ser tal debe ser el primero de los hombres en conocimiento y sabiduría, pues sólo así deviene reflejo en la tierra de la Inteligencia Suprema”.

Patio de Crucero o Baño de Doña María Padilla. Obra proyectada por Alfonso X.

De ahí que su reinado estuviera signado por su compromiso con la filosofía, las artes y las ciencias de su tiempo, haciendo de su labor puente entre culturas tradicionales de Oriente y Occidente. Y justamente eso fue lo que representó, en el mundo, la Escuela de Traductores de Toledo, gracias a la cual la riqueza de la civilización y cultura islámica, judía y cristiana así como la filosofía griega, pudieron ser conocidas y leídas tanto en latín como en las diversas lenguas romances y vernáculas habladas en toda Europa.

Son muchos los que han visto en esta Escuela el reflejo del espíritu de convivencia que caracterizó, durante largos periodos del Medioevo hispánico, las tres tradiciones abrahámicas. Y ciertamente es gracias a dicha Escuela de traductores toledana, que nos han llegado libros y tratados de astronomía, alquimia, música, medicina, geometría, agricultura, y otras artes y ciencias.

Asimismo fue también durante el reinado de Alfonso X, el sabio, cuando la Cábala hebrea conoció su mayor esplendor, escribiéndose el Zohar y otros libros sapienciales de la tradición judía.

Estamos de acuerdo con los que opinan que hasta tal punto fue importante la figura de este rey que sin la visión universal sobre el devenir histórico que poseía, Occidente hubiera entrado en un proceso mucho más acelerado de decadencia que el que se vivió entre los siglos XIV y XVII, analogo al que vivimos actualmente.

Es evidente, como ya han señalado distintos autores y estudiosos, que el Renacimiento no hubiera tenido la intensidad que tuvo sin estas traducciones que fueron fuente para elaborar los sistemas astronómicos y astrológicos que se llevaron a cabo durante esa época.

Alfonso X el Sabio era también, como Al-Mutamid, un rey poeta que cantaba el alma del Mundo que vio encarnada en la figura de la Virgen María, tal y como lo reflejan sus "Cantigas de Santa María", inspiradas entre los muros sevillanos del Real Alcázar. Aunque debemos decir que para Alfonso X, y para toda su época en general, la devoción a la Virgen no estaba revestida de la beatería en que cayó con el tiempo, pues si bien popularmente ese fervor servía de ligamen con lo sagrado, desde el punto de vista esotérico la Virgen María era considerada “Reina del Mundo”, y por lo tanto la madre espiritual de todos los iniciados en el Conocimiento.

Por eso las Cantigas que Alfonso X, el sabio, compuso a María no son las de un místico, sino que se trata de los himnos de un amante de la Sabiduría y la Belleza, siendo estos dos pilares sobre los que se asienta el legado cultural de este rey que canta, según la terminología de la época, a María, Dama y Señora y no llorosa madre de Jesús.

“Rosa de beldad y de belleza, y flor de alegría y de placer; dueña, en muy piadosa ser; Señora, en quitar cuitas y dolores.
Tal Señora debe el hombre amar, porque de todo mal puede guardarlo, y puede perdonarle las faltas que hace en el mundo por apetitos malos.
Debemos amarla mucho y servirla, porque pugna por guardarnos de errar y de yerros que, como pecadores, cometemos y hace que nos arrepintamos.
De esta dama que tengo por señora y de la que quiero ser trovador, si no logro por nada su amor, doy al diablo los demás amores”.


Palacio estilo mudejar de Pedro I y Patio de las Doncellas.

Poco después, en el siglo XIV, el rey Pedro I de Castilla construye en el recinto un nuevo palacio que lleva su nombre, lindando con el palacio gótico de Alfonso X , en este caso de estilo mudéjar, un arte genuinamente hispano fruto de la composición entre elementos musulmanes y cristianos. Para recuperar esa técnica se contrata a alarifes y carpinteros cristianos y musulmanes venidos de Toledo, Córdoba y Granada, que trabajaron junto a los artesanos sevillanos, en el que se considerará más bello, suntuoso y depurado trabajo del arte mudéjar. En este palacio, perfectamente conservado, se ven cuatro columnas con capiteles visigóticos enmarcando el vestíbulo, que suponen proceden de la basílica paleocristiana que desde el siglo V se encontraba en los alrededores, en la que enseñó, como ya se dijo, San Isidoro de Sevilla autor de "Etimologías".

Actualmente, como se ve en la foto, el palacio tiene un patio principal, llamado de las Doncellas, que es una preciosa joya de arquitectura pues, sin perder nunca una imagen medieval, mezcla en perfecta armonía motivos renacentistas con el estilo mudéjar.

Diario literario de Viajes de Núria Prats
Desde mi Ventana
Anillo de Symbolos

jueves, 25 de septiembre de 2008

La Sala de las Pléyades en los Reales Alcázares de Sevilla (II Parte)


Dicen que los andaluces sienten la poesía por el ritmo que hay en ella, y que es ese ritmo el que la hace nacer de sus labios; así parece que era en el entorno de al-Mutamid, según reflejan palabras como las de Ibn Gálib quien dijo lo siguiente:

“Los españoles tienen la constante preocupación –ya que están bajo el régimen de al-Zuhara (Venus) de vestir hermosos trajes y comer bocados escogidos, de ser limpios, y puros, amar los placeres y el canto e inventar nuevos aires musicales; dado que sufren la influencia de ‘Utárid (Mercurio), llevan bien sus negocios, cultivan las ciencias, aman la sabiduría, la filosofía, la justicia y la equidad".

Los estudiosos han hallado que la poesía del siglo XI se encuentra plagada de fragmentos que describen las constelaciones y tratan de la influencia de los astros sobre los hombres. Se trata de escritos entonados en versos ritmados, basados en los tratados de astronomía y astrología inspirados por Ptolomeo. Las crónicas, por ejemplo, cuentan que los andaluces de esa época cultivan las más diversas ciencias, que estaban realmente aficionados a la astronomía, y que nunca se vieron tantos astrolabios, como entonces.

Salón de embajadores del Real Alcázar
Y es gracias a los poemas de al Mutamid, "el rey poeta", convertidos a veces en canciones, como nos ha llegado la descripción de al-Turayyá, la “Sala de las Pléyades”, en el Real Alcázar de Sevilla, sala proyectada y construida por este rey para estudiar las constelaciones y donde mantenía reuniones con sus ministros y con otros intelectuales y viajeros que llegaban a Sevilla.






Quien mejor que al-Mutamid para describirnos el Real Alcázar que él diseñó, nadie mejor para que nos hagamos una idea de cómo era esa “Sala de las Pléyades”. Y lo hace mediante unos versos nostálgicos y llenos de amargura, escritos lejos de su palacio, desde su cautiverio en Agmat.

De la naturaleza de los estudios astronómicos de Al-Mutamid podemos saber, por sus poemas, que hablaban de naw, que es el “ocaso de la estrella en el oeste con el alba, concordante con el nacimiento a la misma hora de otra estrella que se le opone”. Esto nos da una pista muy clara de la naturaleza de los estudios que allí realizaban. Parece ser que el periodo que va entre ese nacimiento y ese ocaso ejerce una influencia sobre los fenómenos atmosféricos, como es la lluvia, el viento, el frío, el calor, etc.


Uno de los corredores del Real Alcázar

“El palacio de al-Mubárak llora sobre las huellas de Ibn Abbad
como llora sobre las de las gacelas y leones.
Su al-Turayyá llora y sus estrellas (sus torres) ya no están sumergidas por las lluvias vespertinas y matinales provocadas por el naw de las Pléyades.
Al-Wahid llora, como al-Zahí y su qubba; el río y su corona.
Todo muestra una profunda tristeza.
(…)


Sección de jardines del Real Alcázar


Quisiera saber si pasaré todavía otra noche teniendo delante y detrás de mí un jardín y un estanque.
Sobre una tierra que hace crecer los olivos, que transmite nobleza, en la que se arrullan las palomas y gorgojean los pájaros.
En al-Záhir, que allí se encuentra, la de las altas torres regadas generosamente por la lluvía, mientras que al-Turayyá parece que nos llama y que le llamamos.
Al-Záhí y su Sa’ad al-Su’ud nos miran como dos celosos: ¡el enamorado apasionado es muy celoso!
Tú crees que es difícil conseguir [ese palacio] ahora bien, todo lo que Dios quiere es fácil”.



Abú-I-Walíd Ibn Zaydún, visir de al-Mutamid, y por consiguiente uno de los poetas que se reunían en dicha sala del palacio con su rey, también escribe un poema donde habla de al-Turuyyá, cuyos restos, tras la destrucción de los bárbaros almorávides, conservaron y restauraron todos los posteriores inquilinos del Real Alcázar.

Estas son las palabras que el visir del rey dirige al monarca, y en ellas, como en muchas otras de igual talante, podemos apreciar el enorme afecto y afinidad que sentían los sevillanos por aquel sabio rey.

“Si debemos hablar de al-Turayya tenemos que decir que se parece a las Pléyades, por su situación, su altura y su belleza.
El no recibir tu visita más que cada dos o tres días inspira un deseo tan vivo, que quisiera, si fuera posible, reunirme contigo con el pensamiento.
Beber cada día de tu fuente, prolongar el tiempo en tu compañía, es lo que necesito para sentir feliz el espíritu.
Es el palacio de al-Mubárak como la mejilla de una mujer hermosa en el centro de la cual, como un lunar, se levanta al-Turayya.
Del más puro color dorado y del aroma más exquisito es el vino que circula en una copa.
En este palacio espléndidas dependencias alegran la vista y se enorgullecen de su rutilante belleza.
¡Es tanto el deleite que puedes incluso acostarte en su parterre florido y envolverte en las delicias de la sombra fresca de los bosques".



Paño de alicatado del Real Alcázar


Según parece Al-Turayya era un salón situado en el centro del palacio a modo de torreón que a su vez se hallaba rodeado de una serie de salones, uno por cada una de las estrellas de las Pléyades.

Ibn Hamdis, otro de los asistentes a las reuniones del rey describe, en otro poema, la sala principal y su cúpula, comparando la magnificencia de la construcción a las virtudes y cualidades del rey amigo de las artes y las letras que sólo tenía por enemigos los montaraces almorávides.



“¡Morada soberbia ésta en la que Dios decidió que todo poder se renueve continuamente sin perecer jamás!
Santa casa, hasta tal punto que si Moisés, interlocutor de Dios, hubiera dado un paso en ella, se hubiera quitado las sandalias.
Esta no es otra que la residencia del príncipe, ante la cual todo el que espera viene a depositar su equipaje.
Cuando sus puertas se abren, se creería que dicen con acento acogedor a los que franquean: ¡bienvenido!
Los constructores le supieron traspasar las cualidades del príncipe, y ejecutaron esta transferencia maravillosamente.
En efecto, de su pecho tomaron su amplitud; del color de su tez, el resplandor; de su fama, las diversas dependencias y de su generosidad, los cimientos.
Tomando por modelo el rango que ocupa entre los reyes, han proporcionado la altura de la sala de audiencias y, gracias a todo ello, se ha elevado por encima de la constelación de los Dos-Simak (Arturo y la Espiga de Virgo).
Este palacio me ha hecho olvidar por su esplendor el Iwan de Corroes, porque pienso que pudo servirle de modelo, ya que su magnificencia no tiene parangón.
Se diría que, ante el temor [de una negligencia], Salomón, hijo de David, no ha permitido a los genios el menor descanso en la construcción.
Vemos al sol parecido a una paleta de donde las manos [de los pintores] sacan lo necesario para dar a sus representaciones figuradas distintas formas.
Estas figuras parecen dotadas de movimiento a pesar de su inmovilidad; pues [a pesar de aparecer móviles a la vista] sin embargo ni los pies ni las manos cambian realmente de lugar. Cuando nos hemos cegado por los colores inflamados, empleamos como colirio el resplandor del rostro del príncipe".



Paño de alicatado


Algunos que asistieron a las reuniones con el rey y sus visires, repetían de memoria las palabras pronunciadas por el monarca en dicha reunión:

"He bebido vino (ráh) en el que la luz destellaba, dice al-Mutami,
Mientras que la noche extendía las tinieblas como manto.
Hasta el momento en que la luna llena se mostró en la constelación de Orión (al-Gawza), como una reina soberbia y magnífica;
estrellas chispeantes se elevaron a porfía para rodearla con su titilar y completar su propia titilación.
Al hacer de su marcha hacia Occidente un paseo, colocó los Gemelos por encima de ellas a guisa de sombrilla.
Se veía a las [demás] estrellas formar un cortejo, izando las Pléyades como una bandera por encima de ella".



Interior del Real Alcázar

En un lenguaje relacionado con la alquímia del vino, también escribe el rey poeta:

"El licor te ha llegado de noche, en un traje de día hecho
de su luz y de su túnica de cristal.
Comparables a Júpiter (al-Mustari) envuelto por su planeta Marte (Mirrij).
Cuando sumergido en el agua, está rodeado de una ardiente brasa.
La congelación de uno y otra se ha hecho tan graciosamente, que se ha armonizado, y estos dos contrarios no han cogido a su opuesto por antipatía".

Y en otro lado:

"-¡Cuantas veces, cuando la noche era muy oscura, me he servido de beber rosas fundidas en agua congelada!
(…)

Abreva a golpes redoblados tu corazón, pues más de un enfermo se ha curado así, y arrójate en la vida como sobre una presa, pues su duración es efímera.
Incluso si tu vida durara mil años completos, no sería exacto decir que es larga.
¿Te dejarías llevar por la tristeza hasta la muerte cuando el laúd y el vino fresco están aquí y te esperan?
Que la preocupación no se adueñe de ti a viva fuerza, en tanto que la copa es como una espada centelleante en tu mano.
Conduciéndonos con cordura, las contrariedades nos acosan hasta lo más profundo de nuestro ser; ser cuerdo, para mí, es no serlo".



Aunque destruida en gran parte por los almorávides, como ya se dijo, Al-Turuyyá sigue presente en el Alcázar, aunque sólo algunas señales y pinturas quedan de aquella primera sala de poetas astrónomos. El espacio es hoy un gran pabellón cuadrado cubierto por una suntuosa cúpula decorada con lacerías talladas en cedro sobredorado. Sus reconstructores últimos no escatimaron en materiales y buen gusto para dar a esas pareces lo más bello de su época.
Estos poemas han sido tomados del libro de Henri Pérès, "Esplendor de al-Andalus". Editorial Hiparión.

Este Diario Literario de Viajes de Núria  se divide en:

sábado, 20 de septiembre de 2008

Diario Literario de Viajes. Los Reales Alcázares de Sevilla (I Parte)



Puerta del León, actual entrada al recinto


Los grandes edificios y todas las obras monumentales llevadas a cabo por los hombres suponen un legado cultural interesantísimo, a veces grabado en sus propias piedras, en su diseño arquitectónico, sus espacios interiores y en las obras de arte que los decoran. Estos edificios regios también nos acercan a los personajes que los han proyectado, construido, mantenido y habitado, y por ello son capaces de mostrarnos el verdadero espíritu que anima cada ciclo humano.


Uno de los enormes “palos borrachos” que hay a la entrada, en esta época florecido.

Realmente creo que ciertos edificios son como los grandes libros de crónicas, ya que en ambos está plasmado el devenir de los pueblos que los crearon y por lo tanto suponen un catalizador de energías, conocimientos, movimientos artísticos, técnicos y científicos que tienen que ver con el sentir de cada época y conforman episodios trascendentales para la memoria humana.



Vista alzada de una de sus salas

Entre estos importantes edificios, fermentos de una serie de acontecimientos y de circunstancias, y foco neurálgico en la Historia, se encuentran las catedrales románicas y góticas, aquellas magníficas construcciones que en el Medioevo asociaciones gremiales de artesanos, filósofos y artistas levantaron en toda Europa llenando de esplendor y luminosidad aquella época a la que enfrentaron con espíritu constructivo. Lo mismo sucedió durante el Renacimiento, cuyo estilo arquitectónico y artístico tan bellamente está reflejado en muchos de ellos, como es el caso de los Reales Alcázares, o Real Alcázar, un conjunto monumental situado en el corazón de Sevilla, en un emplazamiento que es, desde época romana, un lugar de enorme vitalidad, pues su proximidad al foro portuario y al tráfico mercantil y fluvial hacían de la zona la más concurrida y un encuadre natural al estar delimitado por las fronteras que formaban las murallas de la ciudad, el río Guadalquivir y el arroyo Tagarete.


Vista del interior del Real Alcázar


El Alcázar es un edificio con una peculiaridad que lo distingue: la de de haber estado siempre habitado y en permanente construcción, desde el siglo IX, cosa que lo convierte en un observatorio excepcional desde cuya inmovilidad espacial permite distinguir bien todos los movimientos culturales y el transcurrir del tiempo de sus moradores, reyes árabes y cristianos.


Acceso a uno de los patios


El conjunto ha sufrido innumerables remodelaciones, destrucciones y construcciones, todo lo cual le ha ido dejando una pátina de estilos que hacen de él una original simbiosis de tradiciones y culturas, extraordinariamente armónica, y un conjunto situado, en belleza y antigüedad, a la cabeza de los palacios reales.



También se sabe que en esa zona se alzaba en el siglo V una basílica paleocristiana, con su correspondiente baptisterio, donde enseñó y fue enterrado, San Isidoro de Sevilla, autor de "Etimologías" una obra célebre y muy importante en su tiempo por contener todo lo que este santo, de la culta época visigótica hispana, pudo recoger del saber de la Antigüedad Clásica.


Vista de uno de los patios del Alcázar


Sin embargo, en lo que respecta al Alcázar debemos decir que es Abd al-Rahman II quien en la Alta Edad Media mandó alzar la Dar al-Imara o Casa del Gobernador, núcleo primitivo del edificio, cuyo patio de armas se corresponde justamente con el lugar donde estuvo la antigua basílica cristiana cuyas ruinas emergen desde hace unos años en ese patio.

Azulejos interiores del palacio


A la característica singular que tienen el Alcázar de haber estado desde siempre en constante construcción, también se une la de haber estado ocupado ininterrumpidamente desde sus orígenes. De ahí que la edificación sea un reflejo de los avatares y acontecimientos históricos y artísticos de relevante importancia para los pueblos que han habitado la Península Ibérica, así como para los de toda la cuenca mediterránea, aunque la relevancia de la ciudad de Sevilla y la importancia de hechos notables como el descubrimiento de América, ligados tanto a la ciudad como a las personalidades que en esa época lo ocuparon, también hacen del Alcázar un reflejo de una parte de la historia universal .

Paño de alicatado, donde cada pieza está cortada con alicates, de ahí su nombre

Desde el punto de vista arquitectónico el conjunto es complicado de definir dado la amalgama de contrastes que se dan en él. La alta muralla, que para nada hace presagiar la belleza encerrada en los muros, data del siglo XI, cuando Al-Mutamid, el rey poeta, decide, tras la muerte de su padre, ocupar una nueva residencia diferente a la de su progenitor y escoge para ello la antigua Casa del Gobernador, donde manda construir un palacio al que llama al-Mubárak, el Alcázar de la Bendición. Sólo por sus versos y los de sus visires sabemos que la dependencia principal de este palacio se conocía como Al-Turayya, que significa “Sala de las Pléyades”, y era el salón del trono donde realizaba reuniones con sus ministros y con todos los poetas y filósofos venidos de otras tierras y que cómo ellos sentían afición por las ciencias y amor por la poesía.

Interior del Real Alcázar

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Leonardo da Vinci en el diseño de los Canales de Milán

Estatua de Leonardo en la plaza de la Scala de Milán.
Ciertamente todos conocemos los canales de Venecia, y los que hemos tenido la dicha de pasear por ellos sabemos cómo queda uno impregnado de todo el glamour de esa ciudad europea y palaciega por la que en lugar de autos circulan embarcaciones, lanchas y góndolas que te conducen a la puerta de tu casa o a la entrada de uno de esos palacios, actualmente convertidos casi todos ellos en hoteles.
La Zona Navigli, que algunos conocen como “La Venecia de Lombardía”, es parte del antiguo canal de Milan que une lagos al norte de la ciudad. Cientos de piedras fueron transportadas a lo largo del Canal para construir el Duomo.
Sin embargo, no son tantos los que conocen los 152 kilómetros de canales históricos de Milán ni que en su diseño participó el maestro Leonardo da Vinci (uno de los hombres más interesantes del Renacimiento), y cuyo encanto llevó a decir al escritor francés del siglo XIX Henri Stendhal, que Milán era una ciudad más hermosa que Venecia. En la actualidad el canal de vía San Marco, sigue siendo uno de los que aún recuerda, en el centro de la ciudad, el tiempo en que «a Milán llegaba el mar». No es extraño que los milaneses digan que el Naviglio lo tienen, como la niebla, en la propia sangre.
Milán al atardecerLeonardo llega en 1482 a Milán donde se presenta a Ludovico el Moro (llamado así por el color oscuro de su piel), que ejercía la regencia del ducado de la ciudad. Quizá para situar un poco la historia conviene decir que Ludovico María Sforza era de una familia amiga de los Médicis y él mismo tenía amistad con Lorenzo Médicis, llamado el Magnífico, con quien compartía el amor por los libros, por la recuperación de manuscritos y todo lo que representaba el saber y la cultura, y por lo tanto ambos estaban al corriente de los trabajos del artista de Vinci.
Leonardo muestra a Ludovico a su llegada a Milán un instrumento musical que él mismo había inventado y construido, y que según cuentan las crónicas de la época también "tocaba de forma encantadora acompañándose de su voz". Dicen también de Leonardo que "su porte y los encantos de su conversación sobre los temas de la música causó una excelente impresión", y que "Como músico le daba por improvisar versos y acompañarlos en un laúd de su propia invención, en forma de bucráneo y que poseía una sonoridad maravillosa".
Sin embargo, por una carta de Leonardo, cuya copia se encuentra en el famoso "Códice Atlántico" en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, puede saberse que éste como de verdad quiere mostrarse al duque Ludovico es como un maestro constructor de ingenios, puentes levadizos, máquinas de asalto, galerías de asedio, artefactos para la defensa, así como ingeniero hidráulico arquitecto, además decía: "Esculpo en mármol, bronce y terracota; en pintura puedo hacer lo que otro puede hacer, no importa quien sea".
Retrato de Leonardo
Ludovico encarga a Leonardo el estudio de un sistema para navegar desde Milán al Lago de Como, un lugar destacado de la geografía simbólica, puesto que de ahí eran originarios los "Maestros Comacinos", constructores medievales considerados herederos de los antiguos Collegia Fabrorum romanos. Es así como Leonardo proyectó la ampliación de los canales de Milán y en ellos un sistema de exclusas para solucionar el problema de los desniveles de los terrenos. Algo que se ha considerado una genial solución para superar los 23.76 metros de desnivel de los rápidos de Paderno.
Río Ticino y uno de los navigli, canales navegables.

En realidad el sistema de canales de Milán data de la mitad del siglo XII, cuando comenzó la realización del primer tramo navegable de 50 kilómetros, conocido como Gran Canal, y 200 años después se cavaron los canales que daban a los ríos Ticino y Adda que conectaron la ciudad con Europa central.

Uno de los canales en la actualidad

Esta obra de ingeniería fluvial, poco conocida del artista toscano, representó una vía comercial importantísima para la ciudad ya que a Milán llegaba de todo, y al mismo tiempo fue una obra de salubridad impecable, con la que consiguió desviar las aguas residuales de la ciudad medieval, un problema con el que se encontraron las ciudades medievales en general.

Canal a su paso por los campos de cultivo

Además, la proeza de los Navigli conseguía que una importante ciudad quedara unida a los campos de los alrededores, con lo que ello representa para el traslado de frutas y verduras, y de grandes mercancías, como fueron las piedras y el mármol con los que se construyó el Duomo, es decir la mundialmente conocida catedral de la capital de la Lombardia.
Se cree que la figura que sirvió de modelo a Verrochio para su David, es la del joven Leonardo cuando éste entró como aprendiz en su taller.
Dos imágenes de una draga para los trabajos de Construcción de un canal, 1503. Leonardo da Vinci. Milán, Biblioteca Ambrosiana. Códice Atlántico.

Canal en la actualidad.

El ferrocarril y los autos marcaron la decadencia de estos medios de comunicación fluvial y lo que fue en su día una extraordinaria solución y un lugar hermoso y emblemático de Milán, en la actualidad, debido al abandono de los puertos, va camino de convertirse en un problema, y en una alcantarilla abierta, que la burocracia italiana no da señales de resolver.
Por suerte, en la actualidad, el área está siendo tomada por artesanos, pintores, turistas, y los Navigli se están volviendo a abrir a las embarcaciones de ocio, y el comercio está devolviéndole el brillo a sus riberas, ya que a ambos lados se comienzan a alinear cafeterías y restaurantes.

Precisamente por esa zona se encuentra la iglesia de Santa Maria delle Grazie que muestra la famosa Ultima Cena (Cenacolo en italiano), realizada por el maestro Leonardo durante la misma época que la construcción fluvial.

Retrato de Leonardo en su vejez

Una época que también coincidió con la amistad entre Leonarno y el matemático Luca Paccioli, quien sin duda se entendía bien con este artista que remembraba a Pitagoras en su forma de considerar que “la ciencia matemática se debe entender como la suma de aritmética, geometría astrología, música, perspectiva, arquitectura y cosmografía". Leonardo colaboró en su libro La Divina proporción. En el prefacio a la edición Paccioli escribe: “todos los cuerpos regulares y dependientes realizados por el gran pintor, experto en perspectiva, arquitecto músico y maestro dotado de todas las virtudes (de tutte la virtù doctato), Leonardo da Vinci, mientras trabajábamos juntos en Milán por cuenta del muy excelente duque de dicha ciudad, Ludovico María Sforza Anglo, entre los años 1496 y 1499 de nuestra redención".
También fué por entonces cuando apareció por Milán Durero, con quien el maestro florentino compartió trabajos e ideas. Leonardo anotaría en uno de sus manuscritos: “La proporción no se halla solamente en el número y la medida, sino también en el sonido, el peso, el tiempo y los lugares: en toda realidad existente” (Mª Ángeles Díaz)

Plano de Milán, 1567

LA ULTIMA CENA
Y justamente la siguiente nota encadenada es para felicitar la iniciativa de la empresa de digitalización de imágenes HAL9000 y de la editorial italiana DeAgostini, que con el apoyo del Ministerio de Bienes Culturales de Italia, ha colgado en la página web http://www.haltadefinizione.com/ el Cenacolo, con una definición de más de dieciséis gigapíxeles. Se trata de la imagen digital más grande del mundo.

Hay que decir que esta pintura representa uno de los casos más difíciles de conservación, que evidenciaba su fragilidad incluso pocos años después de su finalización. La técnica “a secco” que usó Leonardo, el paso de un río subterráneo cercano que humedece la pared y la acción de la contaminación, han hecho que La Última Cena haya sido restaurada hasta siete veces en algunos casos con el uso de colas que perjudicaron más su estabilidad.

Hace apenas un año, el diario milanés Corriere della Sera alertaba de que la contaminación que los turistas llevaban en sus ropas estaba afectando gravemente a la superficie del muro, con lo cual la imagen creada por HAL9000, líder en el sector de la fotografía de alta definición, puede ayudar a reducir el número de visitas y por tanto el impacto sobre la obra y por otro lado darnos una visión mucho más cercana que la que se obtiene desde los dos metros que se puede observar in situ. La imagen, 1.600 veces más nítida que las ofrecidas por una cámara de diez millones de píxeles, permite apreciar detalles como un pequeño campanario, de menos de dos centímetros, que se ve desde la ventana por detrás de Jesús, los vasos con el vino, los gajos de naranja del plato de San Mateo, los bordados dorados del manto de Judas o la increíble transparencia que Leonardo dio a las copas de cristal. Incluso podemos hacernos conscientes del estado de la pintura ante los espacios sin pigmento y las grietas en el muro.
Además de esta ampliación dejo aquí un comentario hecho por Paccioli a la Ultima Cena, donde este maestro de la ciencia matemática, dice de la pintura recien acabada. “No se puede imaginar una atención mas intensa en los discípulos al oír el sonido de la voz de la verdad inefable, que dice: ‘Unus vestrum me traditurus est’ (Uno de vosotros me traicionará). A través de sus acciones y gestos, parecen estar hablando entre ellos, un hombre con otro, y éste con otro más; todos ellos afligidos por una profunda sensación de asombro. Tal fue la maestría que la delicada mano de nuestro Leonardo supo imprimir a su obra”.
Aquí os dejo esta obra maestra de un hombre que no sólo fue un pintor, por más fantasticamente bien que lo hiciera, sino un filósofo, un sabio para el que el arte, y sus propias dotes artísticas, eran el medio de conocer.
¡Que la disfrutéis!
Núria
Desde Mi Ventana
Anillo de Symbolos.com